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Celeste Martello
lunes, 4 de noviembre de 2013
viernes, 18 de mayo de 2012
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Palabra Digital es una revista digital, con actualizaciones quincenales, íntegramente realizada por cuatro periodistas, egresados de la Escuela Superior de Periodismo (Instituto Grafotécnico). Propone un análisis de los temas más importantes y destacados de la cultura, la política y el ámbito internacional.
Además, incorpora Palabra Digital Radio, un programa en vivo todos los miércoles de 19 a 20 hs.
Staff:
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lunes, 23 de enero de 2012
Pasando el verano: Refranes: ¿Sabías?
Los dichos populares están siempre presentes.
”Hay gato encerrado”, “a caballo regalado no se le miran los
dientes”, entre otras, dónde nacieron y qué significan.
Un remate, una frase, un resumen en pocas palabras. La
mayoría las escuchó en boca de abuelas y padres y muchos las usan
cotidianamente para sintetizar o simplemente intentar sacarle una sonrisa al
otro. A pesar de que todos entienden lo que significan poco se sabe del origen
de las frases más utilizadas hoy en día.
Uno de los más comunes es “hay gato encerrado” y suele
utilizarse para decir que hay una causa o razón oculta. Su origen se remonta al
Siglo de Oro español donde era habitual la utilización de la piel de gatos como
bolsas para ocultar dinero de origen desconocido.
“A caballo regalado no se le miran los dientes”,es otra de
los dichos populares más usados. La parte final de la locución proviene de una
antigua costumbre de revisar la dentadura de los caballos para comprobar el
estado de salud del animal.
Alguna vez cuando se quiere decir que no hay ni una cosa ni
la otra es casi una costumbre escuchar, “ni chicha ni limonada”. La chicha es
una bebida alcohólica que surge de la fermentación del maíz con agua azucarada,
de este licor, nace el dicho, es decir, que no hay ni bebida alcohólica ni
bebida refrescante.
Mientras tanto en plena organización de una fiesta o evento,
en la que se planifican grandes gastos es habitual que se diga hay que “tirar
la casa por la ventana”. Esta frase nace en la costumbre que existía en el
siglo XIX de tirar, literalmente, por la ventana todos los objetos de una casa
cuando alguien ganaba la lotería nacional española.
"No hay tu tía", pero sí explicación
Cuando un problema no tiene solución o alguien se enfrenta a
un obstáculo al cual no se le puede encontrar salida es normal el famoso dicho
“no hay tu Tía”. Su origen proviene de un medicamento llamado la
"atutía" o "tuthía” que utilizaban los árabes para curar todos
los males. El dicho deriva de "no hay atutía" y se empleaba para
indicar que una enfermedad no tenía remedio ni aplicando ese preparado.
También, es muy frecuente oír decir a las abuelas “a falta
de pan buenas, son las tortas” cuando se quiere expresar que hay que
conformarse con algo de menos valor al no poder alcanzar el ideal. La expresión
se remonta a la antigüedad cuando no había pan recién salido en las panaderías,
la gente se tenía que conformar llevándose tortas.
Otra frase, "andar de capa caída", se dice cuando
se quiere hacer notar que alguien esta desanimado, abatido. En la época en que
los hombres usaban capa, tenerla caída hacia un costado, era síntoma de mal
gusto.
En cambio, se acostumbra usar “está armado hasta los
dientes”cuando alguien tiene, desde ya, armas por demás; esto se remonta a los
antiguos piratas quienes llevaban cuchillos en los dientes cuando abordaban las
naves enemigas para tener las manos libres.
Seguro que cuando estos piratas llegaban a la nave enemiga, no
faltaría quien gritara “se armó el Tole Tole”. El origen de esta expresión
sería el desorden provocado por los judíos ante Poncio Pilatos, pidiéndole que
crucificara a Jesús, gritando "¡Tolle, tolle, crucifige eum!"
("¡Quítalo, quítalo, crucifícalo"!).
Otro de los dichos populares más comunes es “a rey muerto,
rey puesto”, que significa que nadie es imprescindible y que todo aquel que se
fue puede ser remplazado. Su origen proviene de la realeza, en donde cada vez
que muere un rey inmediatamente es elegido su sucesor.
miércoles, 4 de enero de 2012
“Sólo sé que no se nada”
¿Quién no se pregunto eso alguna vez? En broma la mayoría de
las veces sin embargo, Sócrates no lo dijo con ese sentido. El antiguo filósofo
griego creó esta frase para demostrar que él sabia de su ignorancia, así que de
esa forma era sabio; los demás no sabían de su estado; el hombre debía conocerse
a sí mismo.
Platón, su discípulo, plasmó estas palabras en sus escritos,
“La apología de Sócrates” en ella relata el juicio, la condena y la posterior
muerte de su maestro.
Lo irónico es que
tantos años después se siga utilizando este pensamiento aunque, otra vez vemos
como el tiempo modificó su sentido. Su iniciador lo dijo frente a muchas
personas de una forma totalmente distinta, con otro fin que no es el mismo de ahora.
Cuando vayamos a utilizarla ya sabemos lo que además significó; resulta importantísimo
saber de donde y porqué decimos lo que decimos.
Pablo Ramos presenta, esta vez, su cuento Cuando lo peor haya pasado
“Borracho
como el océano"
En cuatro hojas,
el autor, describe una discusión de pareja, en determinado momento. A través,
de su principal protagonista, Hernán narra la historia y los sentimientos de
una persona en recuperación por su adicción al alcohol. Su esposa y su hijo, a
quien le ocultan varios hechos, acompañan al hombre.
La acción
transcurre en el departamento de la pareja, después de una fuerte discusión,
Hernán termina lastimándose. Sin embargo, muchos detalles se agregan y lo más
profundo aparece. El lector puede percibir de forma rápida los estados de ánimo de los protagonistas y el
contexto en ese momento. Las palabras continuas de descripción se llevan a cabo
en toda la obra, hasta el final; cualquiera puede visualizar las escenas
gracias a las tácticas que Ramos utiliza.
El miedo en el
cuento es lo que más llama la atención; el de él a qué pueda hacer, y el de su esposa a los
actos de su marido, que debido a la incontinencia a la bebida se maneja
violentamente ante todo. Y ella parece ser su descargo, pero evidentemente,
Hernán quiere controlarse y no puede. Todo a su alrededor es molesto para él,
la televisión, los ruidos. Al principio, se llega a una discusión cotidiana y
simple, sin embargo, numerosos indicios demuestran que no. Las actitudes de
Hernán se vuelven un pedido desesperado se auxilio; no sabe cómo actuar, cómo
pensar, cómo continuar más tranquilo.
El escrito de
Pablo Ramos no deja ningún detalle librado al azar y eso lo hace interesante.
La violencia una y otra vez se hace presente, pero haciendo que la historia sea
totalmente real y muy cercana a fragmentos de nuestra vida.
jueves, 29 de diciembre de 2011
de Muriel Troncoso
Héctor Libertella y su árbol de Saussure
En
un texto donde la referencia a la lectura y a la escritura se hace presente, y
todo gira al rededor de la inevitabilidad del vaciamiento del signo
(“¿Cómo asumir las cosas (…) en ese
mundo que tiende a la desaparición del signo?”[1]),
se establece un cuestionamiento sobre el lenguaje y la literatura. El signo
saussureano se encuentra en el centro del ghetto que es grande como el mundo: “La
plaza del ghetto se reduce a los límites del ghetto. Lo único que la distingue es ese árbol
plantado en el centro”[2], y
se pone en cuestión la implicancia que el signo tiene en el sujeto: “con los
ojos perplejos, los parroquianos del bar tampoco saben que ese árbol los está
modificando, les está dando una manera de mirar desde la barra (del signo)”.[3]
Los parroquianos no pueden reconocer, lo que en términos de Barthes, podríamos
considerar como el carácter opresivo de la lengua: “El lenguaje es una
legislación, la lengua es su código. No vemos el poder que hay en la lengua,
porque olvidamos que esta lengua es una clasificación, y que toda clasificación
es opresiva”,[4]
es decir, la acción rectora de la lengua,
y la fatal relación de alienación que
produce.
El árbol
de Saussure presenta una indeterminación genérica (los géneros también
parecen borrarse como el signo, o se revolucionan: hay cuadros, escenas, fragmentos,
además de las alusiones al psicoanálisis, a la arquitectura, a la pintura, etc.)
acompañada por una sobreabundancia de
citas. Philippe Sollers propone: “El concepto de intertextualidad (Kristeva) es ahora esencial: todo texto está
citado en la confluencia de varios textos. La inter-textualidad es a la vez
relectura, acentuación, condensación, desplazamiento y profundidad de esos
textos”.[5]
Las citas en el libro se constituyen en lo que un escritor sueña, en el
paradigma que un mono puede dibujar, en lo que un loro piensa, presentación de
temas a cuestionar, respuestas a preguntas que surgen en el texto, o la
pregunta a la que el libro quiere responder. Y como propone Perlongher: “Más
que por su fidelidad a un modelo, estas escrituras trabajarían como operadoras
de una multitud de flujos rizomáticos
(Deleuze y Guattari). Flujo de palabras de imágenes de materiales de la más
diversa procedencia”.[6] Citas
que parecen, de alguna manera, alterar el lugar del escritor, y que le permiten
figurarse, también, como lector. Y es que el lugar del sujeto se encuentra
alterado, también, en el ghetto: el semejante es el Otro, el prójimo es el
doble, y yo es otro. Porque “en este
lugar nada funciona del lado de la tradición cabalista del nombrar u organizar
como un sol el nombre propio, sino mejor del lado de la tradición lunática de
la poesía”[7], y
quien mantenga la costumbre de nombrar las cosas, como el partero, será visto
como un extravagante. Lo que sucede es que la inversión del signo y la
revolución del lenguaje alteran la realidad del ghetto (como si se intentará
comprobar el axioma de que cambiar el lenguaje significa cambiar el mundo, lo
que Barthes reconoce como la “función utópica del lenguaje”[8]): el
arquitecto que mide vacios y no construye edificios, el pescador que tira su
red pero sin el objetivo de pescar, el tiempo es visible y palpable, se puede
canjear sueño por realidad. Y es que hasta la idea de mercado va a ser
invertida: “Allí donde hay un interlocutor, un solo interlocutor, allí se
constituye un mercado”,[9] ya
que se anula la exigencia de la masividad, y los escritores son pobres posicionales porque en el canje de los productos no es el valor
la referencia, y el dinero ya no vale como símbolo, la analogía ha cedido el
lugar a la homología; el mercado va a funcionar en relación a la supervivencia
y no al éxito de venta. Pues la literatura es: “un fantasma siempre un poco ilegible entre las líneas del mercado”.[10]
Y
entre estas cosas, el vaciamiento del
signo va a poner en cuestión, también, la idea de interpretación y de representación del lenguaje: “(las cosas)
están ahora absolutamente sujetas, abandonadas a su ser así. El árbol del
ghetto ya no modifica a los parroquianos del bar”,[11]
todo se vuelve puro significante. Y es que el vaciamiento del signo permite
pensar la posibilidad de liberarse de la acción rectora de la lengua, y es la
literatura la que permite, como propone Barthes, “pensar la lengua fuera del
poder”.[12] Leemos en Libertella: “De vuelta a la
literatura, ella en cambio no es un pensamiento. ¿Qué decir, si no, de esa zona
siempre un poco resistente a la interpretación? Aquella imagen de un tronco con
ramas, desligada de la noción habitual de árbol,
no existiría sin más, para Nahmánidas. O sólo pertenece al impensable orden de
la mística o bien se integra a la lectura racional y laica del signo”.[13]
Es entonces, la literatura (que Barthes considera como una revolución
permanente del lenguaje) el primer
espacio donde se podría romper con la comunicabilidad del lenguaje que pone en
primer lugar el papel de la interpretación, y fundamentalmente de la
representación. Lo que sucede es que: “Después de Saussure, algo de tipo
atmosférico en nuestra manera de leer (como si se tratara de un fenómeno
natural) puede hacer del signo también un espejismo”.[14] Y
la idea de la representación es algo que aparece pensado también en relación al
ámbito de la pintura. Pues, ¿cuál es lugar del pintor abstracto y qué es lo que
define su mirada? Para Winfred Hassler, “la arbitrariedad del signo nos ha
hecho arbitrarios. Y esto es probable. Pero la ausencia del signo no nos hará
ausentes, sino más concretos”.[15]
Cuando el árbol de Saussure se esfuma como idea, Kandisky traza “con una sola
línea y un pincel de hueso (del hueso de su mano) toda la aldea”.[16]
En
el libro sobresale la particularidad y
peculiaridad de la escritura de Libertella: una escritura cerrada, hermética,
misteriosa, que como la del juglar: “ni dice, ni oculta, sino hace señales”.[17] Y
la podemos relacionar con lo propuesto por Néstor Perlongher cuando opina sobre el proyecto de escritura
del autor: “tentativas de romper esa especie de comunicabilidad pura del
lenguaje, como transparencia, como instrumento, todo ese enfoque”,[18]
romper con el lenguaje claro, transparente y entendible, como el discurso
jerárquico del rey. Es lo que Perlongher considera, entonces, “Literaturas de
lenguaje” que parecen proponer cierta
sensación de ininteligibilidad, un hermetismo asumido, un intento de subvertir
lo que sería el uso natural de las cosas, “contraponiéndose a la previsibilidad
del lenguaje comunicativo”.[19]
Si
podemos pensar el ghetto como una
representación del lenguaje, se nos presenta como inevitable la imposibilidad
de escaparse de sus límites; y la imposibilidad de libertad, si pensamos en
Barthes, ya que para él “no puede haber libertad, sino fuera del lenguaje”.[20]
El ghetto no es un espacio, según
propone Libertella, sino que es como una mancha desde la cual brotaron objetos
y figuras: “el Rhesus quiere dar un paseo por la jungla de la Aldea, pero no
sabe cómo salir porque los bordes de la mancha no son una muralla que uno
pudiera atravesar para pensarse afuera.
Si hay límite, acaso es una división que sólo estimula su deseo de pasear lo
más extensamente adonde le esté permitido. Y hasta es posible que, según el
tamaño de ese deseo, el ghetto sea más grande que la Aldea Global conjunto”.[21]
Pero el vaciamiento del símbolo, el hecho de que el árbol se haya esfumado, implica el fin: “los paradójicos loros
repiten al infinito la palabra FIN”, la comprobación de que el futuro ya fue, anula la posibilidad de una utopía, y se llega
a la comprobación de la imposibilidad de una literatura que se constituya fuera
los límites y la lógica de la lengua, de la moda, del mercado y por sobre toda,
de la representación e interpretación: “Ella
(la literatura) es – concluye
Hassler- como el eco de un sonido que
todavía no se produjo, o que jamás ocurrirá”.[22]
BIBLIOGRAFÍA:
-
Barthes, Roland, El placer del texto y lección inaugural, Siglo Veintiuno Editores,
traducido por Nicolás Rosa y Oscar Terán, Buenos Aires, 2008.
-
Libertella, Héctor, El árbol de Saussure. Una utopía,
Adriana Hidalgo editora, Buenos Aires, 2000.
-
Perlongher, Néstor, “El neobarroco y la revolución” y “El neobarroco rioplatense”.
En: Papeles Insumisos, Edición de
Adrián Cangi y Raynaldo Jiménez, Santiago Arco Editores, Buenos Aires, 2004.
-
Sollers, Philippe, “Escritura y
revolución. Jacques Henric
pregunta a Philippe Sollers”. En: Redacción de Tel Quel, Teoría de conjunto, Editorial Seix
Barral, Barcelona.
[1]
Hassler, Winfried. Cita que da inicio a El
árbol de Saussure. Una utopía.
[2]
Libertella, Héctor, El árbol de Saussure.
Una utopía, Adriana Hidalgo editora, Buenos Aires, 2000, pág. 19.
[3] Ibid, pág. 53.
[4]
Barthes, Roland, El placer del texto y
lección inaugural, Siglo Veintiuno Editores, traducido por Nicolás Rosa y
Oscar Terán, Buenos Aires, 2008, pág. 95.
[5]
Sollers, Philippe, “Escritura y revolución. Jacques Henric pregunta a Philippe Sollers”. En: Redacción de Tel
Quel, Teoría de conjunto, Editorial
Seix Barral, Barcelona, pág. 91.
[6] Perlongher,
Néstor, Papeles Insumisos, Santiago
Arcos editor, Buenos Aires, 2004, pág. 228.
[7]
Libertella, Héctor, op. cit. supra,
nota 2, pág. 24.
[8]
Bathes, Roland, op. cit. supra, nota
4, pág. 102.
[9] Libertella,
Héctor, op. cit. supra, nota2, pág.
94.
[10]
Pol, Jean, Les paradoxes du savoir,
Moultenc, Paris, 1992, pág. 42. Citado en El
árbol de Saussure, pág. 21.
[11] Libertella,
Héctor, op. cit. supra, nota 2, pág.
97.
[12]
Barthes, Roland, op. cit. supra, nota
4, pág. 97.
[13]
Libertella, Héctor, op. cit. supra,
nota 2, pág. 56.
[14] Ibid, pág. 78.
[15] Hassler, Winfried, Der sinn und die wut, Josepin Verlag,
Berlin, 1997, p. 16. Citado en El árbol de Saussure, pág. 89.
[16]
Libertella, Héctor, op. cit., supra,
nota 2, pág. 98.
[17] Ibid, pág. 59.
[18] Perlongher,
Néstor, op.cit. supra, nota 6, pág.
281.
[19] Ibid, pág. 227.
[20]
Barthes, Roland, op. cit. supra, nota
4, pág. 96.
[21]
Libertella, Héctor, op. cit supra,
nota 2, pág. 35.
[22] Ibid, pág. 100.
de Muriel Troncoso
"Tempora mutantur
et nos mutantur in illis"[1],
dice un proverbio latino. El hecho inevitable de que los tiempos cambien,
pareciera implicar a su vez la imposibilidad de que nosotros sigamos siendo los
mismos. Además quién no quisiera mutar constantemente en estos tiempos de
velocidad vertiginosa. Pero cuánto daríamos a veces por tener un minuto de paz,
silencio, oscuridad y calma para meditar quién somos realmente. Porque en
ocasiones nos sentimos más extraños y ajenos a nosotros mismos que lo que nos
pueden resultar esas personas que pasan por nuestros ojos y oídos a través de
la pantalla de televisión. Parece que en la época de la globalización saber
quién es uno resulta cosa de intrépidos o de valientes. La vida nos pasa por
delante en un segundo, un suspiro o un comercial. ¡Deténgala! Si en algo no
debe perder el tiempo es en contarle a la vida qué quiere usted de ella...pero
la vida, como toda mujer le pedirá algo a cambio. Las cosas no se regalan,
dicen las mamás y tienen razón. Negocie con la vida, y recuerde que aunque los
tiempos cambien, lo único que la vida nos pide es que sigamos siendo los
mismos...para que eso que le pedimos en un principio, cuando lo consigamos,
aunque demore y sea difícil, siga valiendo la pena.
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