"Tempora mutantur
et nos mutantur in illis"[1],
dice un proverbio latino. El hecho inevitable de que los tiempos cambien,
pareciera implicar a su vez la imposibilidad de que nosotros sigamos siendo los
mismos. Además quién no quisiera mutar constantemente en estos tiempos de
velocidad vertiginosa. Pero cuánto daríamos a veces por tener un minuto de paz,
silencio, oscuridad y calma para meditar quién somos realmente. Porque en
ocasiones nos sentimos más extraños y ajenos a nosotros mismos que lo que nos
pueden resultar esas personas que pasan por nuestros ojos y oídos a través de
la pantalla de televisión. Parece que en la época de la globalización saber
quién es uno resulta cosa de intrépidos o de valientes. La vida nos pasa por
delante en un segundo, un suspiro o un comercial. ¡Deténgala! Si en algo no
debe perder el tiempo es en contarle a la vida qué quiere usted de ella...pero
la vida, como toda mujer le pedirá algo a cambio. Las cosas no se regalan,
dicen las mamás y tienen razón. Negocie con la vida, y recuerde que aunque los
tiempos cambien, lo único que la vida nos pide es que sigamos siendo los
mismos...para que eso que le pedimos en un principio, cuando lo consigamos,
aunque demore y sea difícil, siga valiendo la pena.
No hay comentarios:
Publicar un comentario