Una sola obra alcanza para tocar todos estos temas. En el teatro San
Martin con la dirección de Daniel Veronese.
Texto y dirección: Daniel Veronese. Con: Claudio Da Passano, María
Figueras, Berta Gagliano, Ana Garibaldi, Fernán Miras, Osmar Núñez, María
Onetto, Carlos Portaluppi, Roly Serrano y Marcelo Subiotto. Escenografía:
Alberto Negrin. Iluminación: D. Veronese y Sebastián Blutrach. Sala: Teatro San
Martin. Duración: 90 minutos.
Muy buena
De miércoles a domingo con una función
de casi dos horas cualquiera se puede internar en el mundo de una familia de
artistas rusos. En su quinta el hijo
mayor de la familia, Kontastin, es un escritor frustrado que busca desesperadamente
el cariño y la aprobación de su madre; una actriz casada con un famoso escritor
teatral. Éste, a su vez, se enamora de
la novia del hijo de su mujer.
Paradójicamente la historia comienza
con la frustrada interpretación de Konstantin sobre la célebre historia de
Shakespeare, Hamlet. La tormentosa relación de los protagonistas cobra vida en
esta ocasión. María Onetto es la excéntrica madre de Fernán Miras, el joven
autor de obras que siempre se lo ve sumergido en una enorme tristeza. Y enamorarse
fue lo que faltaba. Su novia, amiga y su actriz principal en Hamlet tiene una
historia de amor con el marido de su madre. Ella no lo quiere, pero le tiene un
gran aprecio; por eso vuelve una y otra vez atormentando a Konstantin.
La pieza de Veronese es un concreto
drama que ronda el humor. Uno no puede dejar de reírse de personajes como el
abuelo (Roly Serrano) y su médico (Carlos Portaluppi), que además, brinda una
cuota de sinceridad y coherencia a la peculiar cuestión. Los
hijos se han dormido es una reescritura libre de La gaviota de Chejov, un nuevo ejemplo de esa habilidad del
director para avanzar en plenitud sobre todos aquellos aspectos de una obra que
requieren ser cambiados en una puesta actual. Se eliminan personajes poco
útiles, se modifican diálogos, se alteran situaciones. Queda lo esencial del autor ruso: su mirada sobre
la fragilidad de la condición humana, los duros desencuentros entre el deseo y
la vida que sacude a sus criaturas, su humor, su melancolía, todo lo que en una
versión más clásica y de época, nos
conmovía también.

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