miércoles, 28 de diciembre de 2011

Los hijos se han dormido: Sueños, pesadillas, ¿muerte?


Una sola obra alcanza para tocar todos estos temas. En el teatro San Martin con la dirección de Daniel Veronese.


Texto y dirección: Daniel Veronese. Con: Claudio Da Passano, María Figueras, Berta Gagliano, Ana Garibaldi, Fernán Miras, Osmar Núñez, María Onetto, Carlos Portaluppi, Roly Serrano y Marcelo Subiotto. Escenografía: Alberto Negrin. Iluminación: D. Veronese y Sebastián Blutrach. Sala: Teatro San Martin. Duración: 90 minutos.

 Muy buena

De miércoles a domingo con una función de casi dos horas cualquiera se puede internar en el mundo de una familia de artistas rusos.  En su quinta el hijo mayor de la familia, Kontastin, es un escritor frustrado que busca desesperadamente el cariño y la aprobación de su madre; una actriz casada con un famoso escritor teatral. Éste, a su vez,  se enamora de la novia del hijo de su mujer.

Paradójicamente la historia comienza con la frustrada interpretación de Konstantin sobre la célebre historia de Shakespeare, Hamlet. La tormentosa relación de los protagonistas cobra vida en esta ocasión. María Onetto es la excéntrica madre de Fernán Miras, el joven autor de obras que siempre se lo ve sumergido en una enorme tristeza. Y enamorarse fue lo que faltaba. Su novia, amiga y su actriz principal en Hamlet tiene una historia de amor con el marido de su madre. Ella no lo quiere, pero le tiene un gran aprecio; por eso vuelve una y otra vez atormentando a Konstantin.

La pieza de Veronese es un concreto drama que ronda el humor. Uno no puede dejar de reírse de personajes como el abuelo (Roly Serrano) y su médico (Carlos Portaluppi), que además, brinda una cuota de sinceridad y coherencia a la peculiar cuestión.  Los hijos se han dormido es una reescritura libre de La gaviota de Chejov, un nuevo ejemplo de esa habilidad del director para avanzar en plenitud sobre todos aquellos aspectos de una obra que requieren ser cambiados en una puesta actual. Se eliminan personajes poco útiles, se modifican diálogos, se alteran situaciones. Queda  lo esencial del autor ruso: su mirada sobre la fragilidad de la condición humana, los duros desencuentros entre el deseo y la vida que sacude a sus criaturas, su humor, su melancolía, todo lo que en una versión más clásica  y de época, nos conmovía también.

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