martes, 20 de diciembre de 2011

MI BARRIO





Hace veinticinco años nacía en Hospital Antártida, ubicado en la zona de Flores en Capital Federal. Desde ese día, viví en el barrio Villa Lugano; ahí crecí y desde muy pequeña, aprendí a quererlo tanto, a pesar de todas las injusticias y los olvidos, que mucha gente hizo y hace en cada momento.  No es novedad, la continuidad de hechos inseguros y la pobreza que rodea mi casa. Da mucha pena que este pequeño trozo de la cuidad, sea durante años y años víctima de descuido, gente con hambre y poco recuerdo de personas más allegadas al Gobierno, fuese el año que fuese. La realidad cambió poco, desde mi niñez y según me contaron mis papas que también vivieron aquí desde chicos. Cada rincón del barrio parece que llorara por lo que fue: un sitio acogedor, seguro y de hermosas vistas. A partir de 1904 con una ley se dispuso la construcción de una línea de ferrocarril que se dirigiría hacia el oeste de la provincia de Buenos Aires pasando dentro de los límites de la Capital Federal al suroeste, pero los trabajos de construcción se iniciaron recién en 1906. Al año siguiente Francisco Soldati adquirió algunas chacras y logró que se modificase el trazado original del ferrocarril para que pasaran justamente por ellas. Este hombre donó el dinero para levantar la estación y urbanizar dos manzanas anexas, donde se instalaría una plaza. Además, se comprometió a pagar el sueldo a los trabajadores de la estación por el término de dos años. Así comenzó todo. Reconocido por tantos autores literarios, musicales, en la radio, en la tele, y hasta en el cine. Nadie parece acordarse de ello hoy; si las demás personas valorarían el barrio que tenemos, todo sería diferente.

Casas, parques, plazas decoran el lugar, y ese sentir tan especial, que no vi en ninguna zona. A pesar, que varios destruyen cada cuadra, sin importar cuánto le duele a los demás, los vecinos son los mismos y apuestan a vivir en este lugar, sin importar el sufrimiento alrededor y las horas de inseguridad, que otros provocan. Pero la alegría y la comodidad que surge entre los rincones de esta “mini- cuidad” parece que todavía seduce a la gente. Que vuelve y a siente nuestro barrio tan directo, como para vivir, hacerse de una realidad propia y tiene ganas de ver como Lugano progresa. Falta mucho por hacer, apresar a los que se lo merecen y suprimir la pobreza extrema que hay aquí, entre otras cosas.

Sin embargo, el olvido creo que es peor que cualquier cosa: lo viví, todavía es la cuestión más importante. Parece que ya a nadie se le pasa por la cabeza recordar, aunque sea mínimamente al barrio. Si bien, algunos lo nombran ya no se le da la importancia que merece; si supieran el valor y la grandeza que tuvo Lugano en algún momento. Y los podría volver a tener si los que pueden ayudarían, mirando sólo al lado, o aunque sea evocando los tantos sentimientos profundos que provoca.
http://www.villalugano.com.ar/

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