Hace
veinticinco años nacía en Hospital Antártida, ubicado en la zona de Flores en
Capital Federal. Desde ese día, viví en el barrio Villa Lugano; ahí crecí y
desde muy pequeña, aprendí a quererlo tanto, a pesar de todas las injusticias y
los olvidos, que mucha gente hizo y hace en cada momento. No es novedad, la continuidad de hechos
inseguros y la pobreza que rodea mi casa. Da mucha pena que este pequeño trozo
de la cuidad, sea durante años y años víctima de descuido, gente con hambre y
poco recuerdo de personas más allegadas al Gobierno, fuese el año que fuese. La
realidad cambió poco, desde mi niñez y según me contaron mis papas que también
vivieron aquí desde chicos. Cada rincón del barrio parece que llorara por lo
que fue: un sitio acogedor, seguro y de hermosas vistas. A partir de 1904 con
una ley se dispuso la construcción de una línea de ferrocarril que se dirigiría
hacia el oeste de la provincia de Buenos Aires pasando dentro de los límites de
la Capital Federal al suroeste, pero los trabajos de construcción se iniciaron
recién en 1906. Al año siguiente Francisco Soldati adquirió algunas chacras y
logró que se modificase el trazado original del ferrocarril para que pasaran
justamente por ellas. Este hombre donó el dinero para levantar la estación y urbanizar
dos manzanas anexas, donde se instalaría una plaza. Además, se comprometió a
pagar el sueldo a los trabajadores de la estación por el término de dos años.
Así comenzó todo. Reconocido por tantos autores literarios, musicales, en la
radio, en la tele, y hasta en el cine. Nadie parece acordarse de ello hoy; si
las demás personas valorarían el barrio que tenemos, todo sería diferente.
Casas,
parques, plazas decoran el lugar, y ese sentir tan especial, que no vi en
ninguna zona. A pesar, que varios destruyen cada cuadra, sin importar cuánto le
duele a los demás, los vecinos son los mismos y apuestan a vivir en este lugar,
sin importar el sufrimiento alrededor y las horas de inseguridad, que otros
provocan. Pero la alegría y la comodidad que surge entre los rincones de esta
“mini- cuidad” parece que todavía seduce a la gente. Que vuelve y a siente
nuestro barrio tan directo, como para vivir, hacerse de una realidad propia y
tiene ganas de ver como Lugano progresa. Falta mucho por hacer, apresar a los que
se lo merecen y suprimir la pobreza extrema que hay aquí, entre otras cosas.
Sin
embargo, el olvido creo que es peor que cualquier cosa: lo viví, todavía es la
cuestión más importante. Parece que ya a nadie se le pasa por la cabeza
recordar, aunque sea mínimamente al barrio. Si bien, algunos lo nombran ya no
se le da la importancia que merece; si supieran el valor y la grandeza que tuvo
Lugano en algún momento. Y los podría volver a tener si los que pueden
ayudarían, mirando sólo al lado, o aunque sea evocando los tantos sentimientos
profundos que provoca.
http://www.villalugano.com.ar/
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